lunes, 9 de abril de 2012

Un señor alto, rubio, de bigotes. 6to año. Alto Sol.

Humberto Costantini
Un señor alto, rubio, de bigotes

 
Humberto Costantini (Buenos Aires, 1924 - Buenos Aires, 1987) fue poeta, narrador y dramaturgo.
Costantini ejerció a lo largo de su vida, junto a su casi secreta labor de investigador científico, los más diversos oficios: veterinario en pueblos de campaña, oficinista, corredor de comercio, ceramista, etc. Estas actividades le ayudaron a profundizar en el conocimiento y los matices que forman las capas medias de nuestra sociedad, con cuyos caracteres y lenguajes enriqueció su prosa.
Heredero del grupo de Boedo y de la preocupación social que lo definiera, Costantini participa y milita en las revistas literarias de izquierda de la década del 50 en las que se manifiesta de manera polémica contra el populismo y el pintoresquismo naturalista. Es por entonces cuando publica sus primeros cuentos, de temática realista y estilo expresionista. A lo largo de su obra, Costantini construye una personalidad literaria definida, la cual se vale de distintos elementos, como ser  los símbolos y las alegorías, los monólogos interiores de sus personajes, la literatura fantástica, el realismo mágico, el costumbrismo y hasta la mitología clásica, para abordar la que fuera, en definitiva, su principal obsesión: la alienación del hombre en una sociedad hostil. Una de las características de su estilo es la de llevar a sus personajes a situaciones límite, exasperando la realidad en grotesco.
Costantini fue una influencia notable entre los jóvenes escritores de la década del 60.
De por aquí nomás (1958);Un señor alto, rubio, de bigotes (1963); Tres monólogos (1964);Cuestiones con la vida(1966); Una vieja historia de caminantes (1966) y De dioses, hombrecitos y policías (¿?) son algunas de sus obras más recordadas.
 
De Cuentos completos 1945-1987, Ediciones RyR, Buenos Aires, 2010.
I
Es aquí. Pero este ascensor... la portería... yo los conozco, me parece. ¿Cuándo vine yo aquí? ¿Una semana? ¿Un año? No puedo darme una idea. ¡He caminado tanto en este tiempo!
Además todas las oficinas, más o menos... Y los ascensores también. Subo a un ascensor y ya me veo buscando a alguien, preguntando, corriendo de aquí para allá. Sí ha de ser eso.
Y sin embargo... el tablero... las puertas... Yo esto lo conozco. Alguna vez estuve aquí, estoy seguro.
Bueno pero no interesa. ¿Dónde está la tarjeta? Es ésta. Señor García, de parte del señor Perrondo. Séptimo piso, oficina 712.
—¡Al séptimo!
... de esto algo tiene que salir... segundo... tercero... señor García de parte del señor Perrondo. Vamos a ver qué pasa.
... quinto... sexto... García de parte de Perrondo. García de part...
—¡Gracias!
Y este pasillo también... pero ¿cuándo? ¿Cuándo?
Setecientos ocho, diez, doce. Es aquí.
—Buenos días señorita. El señor García por favor...
—Sí, como no señorita.
Los dos sillones, la mesita... el cuadro... el ruido de la máquina... pasos en el corredor...
Sí, yo le digo que soy amigo de Perrondo, ¡total! ... la corbata en su sitio, los puños... ¿Qué hora será? Y este dolor en el pecho que me joroba ahora. Bostezo, me miro las uñas. Espero.
El tiempo. Uno se mete en él como en una carpa. Afuera pasos, voces... el ruido del ascensor... una bocina... ¡Pero todo eso lejísimo!... En otro mundo.
Aquí el tiempo lo cubre completamente a uno. Uno mismo es el tiempo. Creo que hace falta un poco de entrenamiento para sentir esto.
Antes me molestaba esperar. Ahora no. Me meto en la carpa, cierro todas las aberturas y espero. ¿Qué quiere decir “las diez y media”?
Pienso que esperar es una cosa importante. Algo así como una ocupación fundamental. Uno espera y cumple su vida.
¡Estoy macaneando! ¿Qué hora es? Lo que hay que hacer es mostrarse dinámico, optimista. Cara de triunfador. Así se consiguen las cosas. La corbata en su sitio, los puños, caminar erguido. Muy bien.
¡Pucha cómo tarda! ¿Se habrá olvidado de que estoy aquí?
El tiempo... García de parte de Perrondo. Yo lo conozco a Perrondo. Perrondo es amigo mío. ¿Del trabajo? No, de la familia. Amigo de la familia desde hace diez años. Eso es.
¿Se habrá olvidado? Diez minutos más y pregunto.
El tiempo...
—Señorita, ¿el señor García?...
—Ah... perdón, perdón. Pensé que se había ido... los sillones... la mesita... el cuadro...
¿Qué será este dolor? Juego con los dedos en la madera. Espero. No existe el tiempo. Me meto en la carpa...

* * *

—Ah, sí, sí. ¡Gracias señorita!
—El señor García. ¡Encantado! Sciardys, a sus órdenes.
—Bien señor García... el señor Perrondo me indicó... me dijo que usted podría... es decir, me dio esta tarjeta para...

* * *

La calle otra vez. No me gusta caminar por la calle cuando ando así. Sobre todo si uno tiene los zapatos gastados. Uno se mira los zapatos y está listo.
Además las paredes, crecen, crecen hasta el cielo, se amontonan allá arriba y lo aplastan a uno.
Llámeme dentro de dos meses. No, no. ¿Cómo era? Venga a verme de aquí un par de meses. Así me dijo. Y que lo viera al señor Bucini, director de “Radiar”, de parte suya.
Todos los días, después de las catorce y treinta. Lavalle al mil quinientos. Lo veo hoy. ¿Qué hora es? No hay tiempo para volver a casa. Me quedo por aquí entonces. Lavalle al mil quinientos. Señor Bucini de parte del señor García...
Un espejo. ¿Para qué me habré mirado? Yo me imaginaba bien plantado, rozagante. Así como para presentarme y conseguir cualquier cosa. Me vi flaco, desgarbado... ¡y con una cara!... Cara como para que digan que no. Cara que invita a decir que no. ¡Mire señor, usted puede decirme que no, con toda confianza! No hay peligro de que me extrañe o que lo tome a mal. ¡Estoy acostumbrado a que me digan que no! ¡Dígalo señor! ¡Dígalo sin miramientos! ¿No ve que lo estoy invitando con esta cara a que me diga que no?
No, esas son pavadas. Si empiezo a pensar así no voy a ningún lado. Lo que tengo que hacer es componerme un poco antes de entrar. Una cuadra antes empiezo a sonreír. Así, ¿ves? Saco pecho... levanto la cabeza... camino ligero... tra la... la la. Eso.
La cara no quiere decir nada.
Pero este dolor... voy a tener que ir al médico un día de estos.
No, no hay que mirarse los zapatos.
Y las casas que se hacen más altas. Esas ventanas allá arriba que lo miran como despreciando. Como haciéndolo caminar a uno por una zanja.
Y la gente. Toda apurada. Todos haciendo algo... ¡Es horrible caminar así por la calle! ¿Dónde hay un café?
Bucini de parte de García, a las dos y media.
“Radiar” es una casa importante. Yo la conozco. Si este Bucini pudiera hacer algo...
¡Un café con leche, mozo!
Hasta las dos y veinte no salgo. De aquí a Lavalle al mil quinientos son diez minutos. Me quedo en el café. Cualquier cosa antes que andar por la calle haciendo tiempo. Están las paredes. Están los espejos en las vidrieras. Y además me veo los zapatos.
Está la gente. Todos ocupados. Todos aprovechando los minutos. Haciendo cosas importantes. ¿Por qué no podré estar así yo? ¡Ocupado, ocupadísimo! Caminar rápido por el centro, o sentarme frente a un escritorio y hablar por teléfono. Decir por ejemplo: ¡vení a verme a las cinco en punto! Antes no porque estoy ocupado. Tenemos quince minutos justos para charlar. Y ¡plaf!, colgar el tubo. Señor Sciardys, ¿qué hacemos con esto? ¡Páselo a tal lado! ¡Pim! ¡paf! Con seguridad, con firmeza, ocuparme de cosas importantes...
¡Qué sé yo! Estoy cansado de vivir así esperando. Como si en el mundo, o en la vida, o en ese juego misterioso que tiene la gente, no hubiera lugar para mí.
Este dolor debe ser el cigarrillo. Empezó hace una semana y no me deja tranquilo. Cuando me canso un poco me duele más y se extiende hasta el brazo. ¿Justo ahora tiene que venir esto? Me da rabia porque me parece que me quita seguridad, que me deprime, y que todo eso se debe notar.
No, no se puede notar. Son ideas mías. Es cuestión de presentarse bien. De mostrar alegría. Señor Bucini, ¡encantado! Con soltura, con optimismo. Eso es lo principal.
Las dos y cuarto.
—Mozo, ¿cuánto es?
Caminar rápido. No mirar a los costados. No mirar los zapatos. No ponerse a pensar en las paredes. Las paredes lo aplastan a uno. Lo escupen desde las ventanas. Yo también ando apurado. Soy igual que la gente.
Es en esta cuadra. La sonrisa. Así, de oreja a oreja. Después la cara se acostumbra y uno parece sonriente.
“Radiar”...
—El señor Bucini por favor...
—Segundo piso. Gracias.
—El señor Bucini por favor. ¿Mi nombre? Sciardys. Ese, ce, i, a, ere, de, y griega, ese.
—Sí, gracias señorita.
La sonrisa. La corbata en su sitio. Caminar derecho. Espero. Me paseo.
—¿El señor Bucini? Sciardys, ¡encantado!
—Yo estuve recién con el señor García... el señor García me dijo... que viniera a verlo...

* * *

La calle. Las paredes. Estoy cansado.
¿Por qué hay tipos que tienen como una cáscara alrededor? Uno quiere llegar a ellos, acercarse, y es imposible. Pero mejor es que no piense en Bucini. Por aquí no hay nada que hacer. Eso es seguro.
De todas maneras me dio un dato. No creo que lo conozca a este señor Domingo Márquez. Ni siquiera me dijo que fuera de parte suya. Pero es un dato y hay que aprovecharlo. ¿Iré ahora? Sí voy ahora. Quién me dice que a lo mejor...
Además así las paredes no me atrapan. Me muevo, corro. Las agujas del reloj y la tacita de café no van a estar allí, mirándome, estudiándome, sabiendo cada cosa que hago y cada pensamiento que se me cruza. No me van a mirar cómo mato el tiempo.
Señor Domingo Márquez, gerente, Belgrano 774. ¿Qué se toma para ir?
—Señor, ¿para Belgrano al setecientos, por favor?
—Gracias.
No pienso en Bucini. No pienso en nada.
El colectivo. La gente que empuja. ¿Saldrá algo de aquí?
No alcanzo a ver la calle. ¿Dónde estamos?
Tengo que presentarme bien. Con soltura, con alegría, Márquez es un tipo importante...
—¡En la primera chofer!
Belgrano 774. Es allí enfrente. Cruzo la calle. Ahora ¡qué raro! No me duele nada el pecho.
El ascensor otra vez. Otra vez la sensación de estar corriendo, buscando a alguien.
—¡Al cuarto!
Sonrío. Me compongo el saco. ¿No habrá salido este Márquez?
—Sí, Fernando Sciardys. Ese, ce, i, a, ere...
—¿Señor Márquez? ¡Encantado!
—Mire señor Márquez, yo venía porque me enteré... me dijeron que había una posibilidad y entonces yo vine para preguntar, para ver si es posible...

* * *

¡Abajo!
Córdoba 2552. ¡Voy ahora mismo! El señor Otero. Esta vez me lo dijo bien claro. Otero con seguridad tiene algo. Vaya a verlo.
Sí, voy, voy ahora mismo. No quiero perder un minuto. ¡A ver si lo alcanzo! Córdoba al dos mil quinientos. Llego hasta Córdoba y de allí tomo cualquier cosa. ¡Rápido! ¡Rápido!
Señor Otero. Esta vez es seguro. Señor Otero. Córdoba al dos mil quinientos.
¡Ojalá no se haya ido todavía!
¡Quince minutos señor Otero! ¡Quince minutos y estoy allí! ¡Espéreme, por favor!
Se hace tarde. ¡Yo tomo un taxi! ¡Espere quince minutos más, señor Otero, no se vaya!
—¡Taxi!
—A Córdoba al dos mil quinientos, ¡rápido por favor!
Fumo. Miro la calle. Voy más rápido que la gente. Más ocupado. ¡Pucha, el tráfico! ¿Por qué no pasará de una vez?
La corbata en su sitio, los zapatos... no, no hay que mirarse los zapatos.
Otero con seguridad tiene algo. Así me dijo, ¡Gracias señor Márquez! ¡Y yo que casi no pensaba ir! ¡Cómo vienen las cosas, así, de pronto, cuando uno menos las espera!
Ya falta poco. Mil novecientos... dos mil... Llego justo a tiempo. ¿Estará todavía en la oficina? Dos mil doscientos... dos mil trescientos... ¡Ese camión que no deja pasar! Dos mil cuatrocientos... En la otra.
—¡Aquí nomás, cóbrese!
El saco. La corbata. Me arreglo los puños.
—El señor Otero por favor...
—¿Esta escalera? Gracias. ¿Se habrá ido?
—Buenas tardes señorita. ¡El señor Otero por favor!...
—¿Qué?... ¿No está?...
—¿Pero va a venir? Sí, sí, yo lo voy a esperar. ¡Cómo no!
—No, no, prefiero esperarlo aquí.
—Fernando Sciardys. Ese, ce, i, a, ere, de, y griega, ese.
—Sí gracias, señorita. ¿Usted me avisa cuando llega entonces?, porque yo no lo conozco...
—Muy bien, muy bien, espero nomás.
...Espero. No puedo quedarme sentado. Me paseo... las puertas... los sillones... el reloj...
Enciendo un cigarrillo.
Pero al rato me aburro de caminar y me siento. El sillón que se hunde... el techo... el ruido de las máquinas...
El tiempo. Uno se mete en él como en una carpa... Pero el señor Otero vendrá en seguida. No hace falta la carpa.
Espero. Otro cigarrillo.
Me está doliendo el pecho otra vez. ¿Qué será esto?
Señor Otero, usted me va a salvar. Usted es mi esperanza, señor Otero.
El tiempo. Espero. Yo siempre espero a alguien.
Pero esta vez es seguro. Márquez me lo dijo bien claro.
El tiempo. Me meto en la carpa. Cierro todas las aberturas y espero.
El guardapolvo blanco de la empleada... el vidrio de la puerta... los dibujos del parquet...
¡Qué tarde se hizo!
...los ruidos de la calle... un timbre... alguien que tose...
Tengo miedo de que no pase por aquí. O de que la empleada se olvide.
El tiempo.
...El cesto de los papeles... pasos que se alejan...
Espero...

* * *

—Señorita... quería preguntarle..., ¿cómo es el señor Otero? Por si usted se va, ¿sabe? Así yo sé cuando él viene... lo saludo, me presento...
—¿Cómo? ¿Alto, rubio, de bigotes?
—Sí, sí, lo voy a conocer.
—Gracias, gracias.
Alto, rubio, de bigotes. El señor Otero es un señor alto, rubio, de bigotes.
“Con seguridad tiene algo. Vaya a verlo.”
Pero el tiempo me aplasta. Me borra la sonrisa de la cara. Me paseo. No hay que mirar los vidrios. No hay que mirarse los zapatos. La corbata en su sitio. Los puños.
¡Cómo me duele el pecho!
Es tarde. Oigo puertas que se cierran... oigo voces que dicen “hasta mañana”... Han apagado la luz en la otra oficina.
Un señor alto, rubio, de bigotes. Un señor alto, rubio, de bigotes. Yo lo voy a conocer.
Me levanto. Me asomo al corredor. Oigo pasos en la escalera. Sube alguien. Debe ser él. Debe ser el señor Otero. ¡Por fin!
Lleva un traje azul... sombrero claro... lo tengo de espaldas... ahora se da vuelta...
No... no... me había parecido.
Espero. Tiene que venir.
Camino. El corredor... la baranda... Bajo la escalera.
¿Y si subiera en este momento? Me detengo.
Pero es mejor bajar. Es mejor estar abajo para verlo.
Bajo. Salgo a la puerta.
La gente... los autos... Se está haciendo de noche.
...¿eh? ¿Este que viene aquí? Es alto, rubio... ¡viene para este lado!
No... no tiene bigotes. No es el señor Otero.
El señor Otero es un señor alto, rubio, de bigotes. Un señor alto, rubio, de bigotes que me va a salvar. Va a hacer un lugar para mí en el mundo. Me va a quitar todos los problemas. También este dolor al pecho, ¿no es cierto señor Otero?
...un señor alto... tiene un portafolios en la mano...
No, no es.
La gente no entiende nada. No saben que estoy a punto de salvarme. Los pobres no esperan al señor Otero. Me dan lástima. Yo estoy mucho mejor que la gente.
...¿éste? Tampoco. Parecía, pero no es rubio.
Yo espero al señor Otero. Un señor alto, rubio, de bigotes que tiene todo en la mano. Con seguridad tiene algo.
¡Y la gente no se da cuenta! ¡Pasan al lado mío y no entienden nada! Yo quisiera llamarlos, explicarles. ¡Eh!, ¡señor! Yo no estoy aquí haciendo tiempo, ¿me entiende? Antes sí, pero ahora no. Ahora estoy esperando al señor Otero. Un señor alto, rubio, de bigotes, que me va a salvar. ¿Usted no lo conoce? ¿No sabe quién es el señor Otero? ¡Verdaderamente es una lástima! Él podría ayudarlo a usted también! Sí, pero ahora yo lo estoy esperando. Él con seguridad tiene algo y me va a dar un sitio en el mundo, ¿sabe señor? ¡Gracias, gracias señor! No, no me felicite. En realidad es nada más que un poco de suerte. ¡Adiós señor!
¡Cómo tarda!
Los árboles parecen hombres que levantaran los brazos. La luna es un señor rubio que los mira como se agitan y se va acercando lentamente para clamarlos.
¿Por qué tarda tanto, señor Otero?
Yo no levanto los brazos pero también estoy agitado. Me duele el pecho. Quisiera llamarlo, señor Otero. Porque usted no sabe que estoy aquí esperándolo y por eso no se apura en llegar. En traerme la calma que usted tiene con seguridad en la mano.
Es muy tarde. Es de noche y usted no viene.
Pero yo lo voy a esperar. Yo lo voy a conocer en seguida.
...la gente... los negocios que cierran.
¿Qué tengo en el pecho? ¿Por qué me duele más ahora?
Un señor alto, rubio, de bigotes, que me va a quitar este dolor del pecho, que va a llegar lentamente para calmarme.
Los hombres siguen de largo. Ninguno es un señor alto, rubio, de bigotes. Son gente como yo. Andan apurados. También se miran los zapatos. También necesitan de usted señor Otero. ¿Por qué no viene?
Si usted no viene yo me voy a quedar aquí toda la noche, levantando los brazos. Y la gente va a preguntar: ¿qué pasa? Y yo les voy a decir que lo estoy esperando a usted, señor Otero. Y entonces todos van a levantar los brazos, y se van a agitar, y todos lo van a llamar a usted para que venga a calmarlos.
¡No puede ser! ¡No puede ser! ¿No dijo que vendría? Me lo dijo bien claro la empleada.
Los árboles... Los árboles se mueven, levantan los brazos...
¿Eh? Sí, es él. Cruza la calle. Viene para este lado.
Sí, sí, sí, no hay duda. Es el señor Otero. Un señor alto, rubio, de bigotes.
Camina despacio... viene hacia aquí...
—¡Buenas noches señor Otero! Yo lo estaba esperando. Me dijeron que usted tiene algo y yo venía para que usted...
¿Cómo señor Otero? ¿Qué lo acompañe a su oficina? ¡Sí, sí, cómo no señor Otero!
Me pasa la mano por el hombro. Me trata como a un hijo. Me dice que me quede tranquilo...
¿Pero cómo sabe mi nombre señor Otero?
¿Todos los problemas señor Otero? ¿Todos los problemas? ¡Gracias, señor Otero! ¿También este dolor al pecho? ¿Pero usted cómo sabe?
¡Me duele, me duele mucho ahora! No se sonría. Es cierto. Casi no puedo caminar.
¿Qué pronto se me va a pasar todo? ¿Cómo puede usted saberlo señor Otero? ¿Cómo supo que me dolía terriblemente el pecho?
Yo simplemente quería una ocupación. Algo así como un sitio en el mundo.
No, no se sonría. No me mire así. Yo le hablo en serio. Lo que ocurre es que hace mucho tiempo que espero. ¡Siempre corro de aquí para allá! ¡Busco, busco! Y de pronto me lo encuentro a usted.
¿Todos los problemas dice, señor Otero?
¿Por qué se sonríe?
Pero... usted...
No, no, no, no puede ser, no quiero nada. Yo quiero irme.
Y el pecho me duele. Se me cierra.
Las cosas se borran. Se hacen oscuras.
¿Por qué lo veo solamente a usted? Usted que me mira sonriendo, me toma del brazo. Conoce mi nombre.
¡No, no, yo no quiero!
Usted es...
Un señor alto, rubio, de bigotes, que es...
Que me sonríe, que me toma del brazo.
¡No quiero! ¡No no no!
Me falta el aire. ¡Déjeme ir!
¡No, no, no, no quiero! ¡No quiero!...

viernes, 30 de marzo de 2012

Teoría de las emociones. Paul Ekman. 2do año.


El lenguaje de las emociones.

(Basado en la Teoría de Paul Ekman).


a- LAS EMOCIONES EN EL LENGUAJE NO VERBAL.

Conocer el lenguaje corporal es una Habilidad Social (una de las 5 habilidades prácticas de la Inteligencia Emocional)
Nuestros movimientos nos delatan
El lenguaje corporal, que no es más que todo lo que trasmitimos por medio de movimientos o gestos, delata completamente nuestros sentimientos o altera la percepción acerca de la persona con la que estamos interactuando.
Cuando conversamos con una o varias personas, reflejamos y enviamos miles de señales y mensajes a través de nuestro comportamiento. Así que prestemos atención y saquémosle provecho a los datos que se encuentran abajo, porque tanto en nuestra vida laboral como en la personal, nos serán de gran utilidad para desarrollar las HABILIDADES SOCIALES.

Charles  Darwin fue el primer científico en pensar que determinadas conductas tienen una expresión universal, y que son independientes de la cultura. De hecho, estableció principios fundamentales del cómo se manifiestan las emociones en animales y como estas ideas se aplican a las manifestaciones de las emociones por los humanos, independiente de su edad, cultura y condición social.


 SNC y conductas agresivas:

Un animal agresivo muestra señas de un aumento del tono simpático y de evidente descarga de la médula adrenal: aumento del tono muscular, (orejas elevadas, pilo-erección, muestra los dientes, gruñe, alza la cola etc.), aumenta la presión arterial y la frecuencia cardiaca, respira mas aceleradamente, todas señales de preparación para el ataque físico, hostil. Un animal manso al contrario, encorva la columna, actitud dócil, relaja las orejas y la cola, “no está ni allí”.
La manifestación de la agresividad depende del SNC, e implica la activación del sistema autonómico, los músculos esqueléticos a través de moto neuronas y los nervios craneanos, las glándulas, etc. Pero también hay un componente genético evidente.
¿Qué determina que algunos perros pastores alemanes y de otras razas sean “feroces”, mientras que los Golden Retrievers sean mansos? ¿Tiene la agresividad un valor adaptativo evolutivo que permita la conservación de esta conducta?






Agresividad, transmisores, hormonas y genes:


Hay animales genéticamente agresivos: dogo argentino, toros de lid, leones y quique, mientras que otros son dóciles y han sido domesticados, útiles para el hombre.
Varios genes han sido asociados a conductas agresivas. En el SNC, la serotonina y alguno de sus receptores están vinculados con la agresividad, la enzima MAO (mono amino oxidasa), y la enzima que sintetiza el óxido nítrico también. Animales genéticamente modificados por KO de algunos genes o por introducción de otros, son más agresivo. Estos hallazgos nos llevan a pensar que la agresividad depende de la actividad de circuitos cerebrales


La testosterona, la hormona masculina y las conductas agresivas:


La testosterona es la hormona masculina. Los andrógenos ayudan a construir masa muscular y se vinculan, en general, con las conductas agresivas de los machos. La demarcación de territorios es una conducta animal que se ha conservado evolutivamente y que es determinante en conductas reproductivas y de liderazgo. La violación de territorios inicia la lucha. El dominio de un determinado terreno establece liderazgo y reproducción, mientras que la derrota frente a otro macho conlleva a conductas dóciles y de sumisión.

El lenguaje facial, y los gestos:

¿Existe un código universal para expresar emociones?
¿Aprendemos a sonreír? y ¿Cómo aprendemos?

Desde hace años se sabe que las emociones se manifiestan a través del lenguaje por gestos, y que estos dependen de la contracción y relajación de los músculos esqueléticos faciales. Pero, ¿cómo ocurre este proceso? Y ¿cómo se controla y se aprende?


P. Ekman y el código expresiones faciales primario (FACS):

Se pensaba que las expresiones faciales tenían un importante componente cultural, pero las investigaciones de Paul Ekman revelaron que son relativamente comunes en culturas orientales y occidentales. Este hallazgo hace pensar que existe un código de gestos (lenguaje gestual), que traduce universalmente muchas emociones humanas.





Felicidad oculta: Se expresa con una breve sonrisa que dura menos de una quinta parte de un segundo es lo que se llama micro-expresión. También hay otra sonrisa la cual expresa satisfacción o felicidad, solo se encoge un lado del labio.
Encogimiento de hombros: Pequeño movimiento de hombros que significa “No confío en lo que digo”, el cuerpo contradice las palabras, está mintiendo. Si este encogimiento de hombros dura más de un segundo esta fingiendo.
Desprecio oculto: Se arruga los lados de la nariz también es una micro-expresión, estas expresiones son las mismas en todas las personas.
Vergüenza: se tocan la frente al final de las cejas mirando hacia abajo.
Indiferencia: Estas expresiones son universales.
1-Rompimiento del contacto visual: Cuando alguien rompe el contacto visual entes de responder a una pregunta dice la verdad porque esta recordando para poder responder sinceramente, pero si no desvía la mirada quiere decir que no está recordando un hecho, está mintiendo. Las personas que mienten necesitan ver si crees sus mentiras.
Tristeza: Movimiento de cejas oblicuas.
Profunda vergüenza: Se levanta el mentón. También es aplicable al ocultamiento de algo.
Picazón de nariz: Los hombres tienen tejido eréctil en la nariz pica cuando esconden algo.
Cuando una persona asienta “Si” antes de asentir “No” con la cabeza quiere decir que está mintiendo.
Cuando una persona oculta la mano izquierda en el bolsillo presionando la pierna en una situación específica quiere decir que está ocultando algo.
Respiración: Cuando una persona respira por la boca poco y rápido está nerviosa.
Signo de problemas: cuando una persona se remanga la mano en una situación específica quiere decir que tiene o tuvo problemas.
Ira: Cuando una persona presiona el puño o frunce el labio superior quiere decir que siente rabia.
Cuando la pupila de una persona se dilata puede ser por miedo o enojo o puede ser por causas de excitación sexual.
Sonrisa falsa: Cuando alguien sonríe pero no se arruga alrededor de los ojos esta fingiendo, cuando alguien sonríe de verdad se le arrugan los lados de los ojos.
Disgusto: Cejas presionadas, labios presionados.
Cuando la temperatura de la piel baja quiere decir que tiene miedo, es una reacción fisiológica típica, la sangre fluye desde las extremidades hacia las piernas así estás preparado para correr, las manos se enfrían primero.
Levantamiento de cejas: cuando una persona se le levantan las cejas quiere decir que saber la repuesta de la pregunta que le hacen.
Retroceso gestual: cuando una persona retrocede un paso hacia atrás al responder a una pregunta o al decir una afirmación, significa que no cree en todo lo que dice, está mintiendo.
Desliz gestual de los labios: Cuando una persona presiona los labios quiere decir que no confía en sus palabras, está mintiendo.
Ansiedad: Cuando una persona habla rápido es signo de ansiedad, también cuando crean una barrera frente a él con cualquier objeto.
Sorpresa: cejas levantadas, mandíbulas caídas.
Todas las personas que mienten tienen un tic que lo delatan se pueden presentar de muchas formas, un ejemplo: Cuando mienten se tocan la nuca.
Cuando una conversación va junto con movimientos de manos significa que no confía en lo que dice, está mintiendo.
Barbilla: Cuando alguien levanta la barbilla quiere decir que está enojado.
Disgusto: Labios presionados y sacados hacia afuera.
Preocupación: Cuando alguien se frota los dedos de la mano es signo de preocupación, (auto-gesto reconfortable).
Maldad: Las cejas hacia abajo al mismo tiempo, levantamiento de las pestañas superiores, expresión tirante bajo los ojos, estos son rasgos que se ve en la cara de alguien que va a cometer un acto violento. Esta expresión es involuntaria no se puede controlar.
Cejas altas y juntas: Miedo, preocupación, aprehensión.
Engaño de placer: Es el placer que siente un mentiroso cuando ve que creen sus mentiras. Pequeña sonrisa (Micro-expresión).
Proceso cognoscitivo del parpadeo: Significa que está mintiendo. (No está seguro de lo que dice). Es parpadeo sucesivo.
Señalar con el dedo: Cuando una persona señala con el dedo hacia un lado y él mira hacia otro, está mintiendo. La mente esta tan ocupada inventando cosas que el cuerpo no puede mantener la sincronía.
Emblema a-gestual: Es un gesto inconsciente con un significado específico. Cuando una persona se toca la cara con un dedo quiere decir que siente honestidad.
Ansiedad: se muerde el labio se rasca la oreja.
Ira: Ventana de la nariz abierta y labios apretados.
Remordimiento: Mejillas levantadas, comisuras de los labios hacia abajo
Personalidad hostil: Frente baja cejas levantadas.
Cuando el cuerpo de alguien se encorva quiere decir que está mintiendo; porque tratan de tener el mínimo espacio posible.
Superioridad: cuando un grupo de personas entran por una puerta; el último casi siempre en todos los casos es el más importante, es superior a los demás.
Cuando una persona dice: “Solo diré esto una vez” frase clásica que califica la aclaración. La persona no necesita decir eso si estuviera diciendo la verdad.



El acto y lo que refleja

Algunos tipos de lenguaje corporal:

Acariciarse la barbilla: Toma de decisiones
Entrelazar los dedos: Autoridad
Dar un tirón al oído: Inseguridad
Mirar hacia abajo: No creer en lo que se escucha
Frotarse las manos: Impaciencia
Apretarse la nariz: Evaluación negativa
Golpear ligeramente los dedos: Impaciencia
Sentarse con las manos agarrando la cabeza por detrás: Seguridad en sí mismo y superioridad
Inclinar la cabeza: Interés
Palma de la mano abierta: Sinceridad, franqueza e inocencia
Caminar erguido: Confianza y seguridad en sí mismo
Pararse con las manos en las caderas: Buena disposición para hacer algo
Jugar con el cabello: Falta de confianza en sí mismo e inseguridad
Comerse las uñas: Inseguridad o nervios
La cabeza descansando sobre las manos o mirar hacia el piso: Aburrimiento
Unir los tobillos: Aprehensión
Manos agarradas hacia la espalda: Furia, ira, frustración y aprehensión
Cruzar las piernas, balanceando ligeramente el pie: Aburrimiento
Brazos cruzados a la altura del pecho: Actitud a la defensiva
Caminar con las manos en los bolsillos o con los hombros encorvados :Abatimiento
Manos en las mejillas: Evaluación
Frotarse un ojo: Dudas
Tocarse ligeramente la nariz: Mentir, dudar o rechazar algo














¿Cómo se procesa el código de la expresión facial?:

Como toda acción del SNC, ésta obedece a la activación de circuitos neuronales que se manifiestan a través de las descargas eléctricas que incluyen los músculos faciales. Obviamente, cuando el SNC procesa una emoción de rabia y es agresiva, activa un circuito neuronal que afecta tanto a los músculos esqueléticos de las extremidades y de todo el cuerpo, incluyendo la cara. Pero además activa todo el sistema autonómico, y nos preparar para la activa y metabólicamente para la “lucha”. En cambio la sensación de felicidad activa otros circuitos neuronales que llevan a la manifestación de otras conductas.

La cara es el punto focal de nuestro cuerpo es la parte en que nos fijarnos primeramente cuando nos encontramos con una persona por primera vez, y los rasgos que grabamos en nuestra memoria para reconocer a esa persona si nos encontramos con ella, está comprobado que tener un rostro amplio y despejado equivale varios puntos a nuestro favor en el impacto que provocamos a los demás al proyectar nuestra personalidad, pero como todos no tenemos esta ventaja hay ciertos gestos que nos serán de ayuda para intimidar a los demás.

Evite parpadear constantemente: es más, ensaye a parpadear lo menos posible ya que el parpadeo constante denota vacilación e inseguridad.
En todo momento trate que su mirada sea directa: establezca contacto visual con los ojos de su interlocutor, manteniéndolos siempre fijos. Esto revela decisión sinceridad y valentía.
No se muerda los labios ni se los humedezca con la lengua- son muestras de timidez, inseguridad, titubeo e indecisión.
Mantenga la boca cerrada, ambos labios unidos mientras escucha a su interlocutor: Esto denota calma y seguridad en sí mismo, en cambio la boca abierta, la mandíbula caída, sugieren nerviosismo, prisa, asombro y sorpresa.


¡Precaución al sentarse!

Al analizar las posiciones en las cuales el ser humano adopta al sentarse es evidente que estas revelan nuestras intenciones y emociones en un momento determinado. Envíe mensajes precisos de acuerdo con la posición que adopta al sentarse y los movimientos que realiza con las manos brazos y piernas



Mantenga siempre una posición apropiada y evite los movimientos constantes y abruptos: estos denotan intranquilidad nerviosismo temor falta de control, por regla general la gente que sabe sentarse y que controla sus movimientos mientras está sentada, denota tranquilidad, seguridad y más sentido común. Por el contrario quienes no logran mantener una misma posición mientras están sentados, aquellos que mueven sus brazos y manos con frecuencia generalmente se les califica como irresponsables y erráticos.
¿Rigidez al sentarse o una posición demasiado forzada? Es evidencia de tensión, nerviosismo y agresividad. Estas son emociones que no deben notarse en ningún momento, ya que revelan deficiencias de personalidad.
Mientras los otros le hablen manténgase atento pero impasible: Nadie debe saber su opinión sobre un tema determinado a menos que usted quiera hacer un comentario al respecto, evite hacer movimientos con su cuerpo ante una frase que le provoque sorpresa, haga saber su opinión en el momento más oportuno
No cruce las piernas ¡mantenga ambos pies sobre el piso! Esto sugiere seguridad en sí mismo. Una persona de conceptos inalterables e integra es incapaz de ser estremecida ante una sorpresa o situación de crisis, o ¿desea mostrar atención extrema? … expresar un estado alerta total coloque ambos pies sobre el piso las manos sobre las rodillas e inclinarse ligeramente hacia delante, esta situación además sugiere un control. absoluto sobre la situación determinada
Mantener las piernas cruzadas y balancear una de ellas sugiere nerviosismo impaciencia timidez temor
Controle los movimientos de sus manos, recuerde que las manos dicen más de lo que queremos expresar. Al sentarse mantenga los brazos sobre sus piernas o sobre sus lados sobre la butaca o sillón. Esta es una posición neutra que expresa muy poco lo que usted está realmente pensando.
En todo momento mantenga sus manos visibles. Ocultarlas debajo de las piernas o detrás de un bolso o chaqueta sugiere timidez falsedad temor


2- LAS EMOCIONES EN EL LENGUAJE VERBAL



La voz, un tono moderado y sin titubear

Todos sabemos que una voz vacilante es sinónimo de inseguridad y timidez, Generalmente revela que la persona no domina el tema sobre el cual está hablando o que sus conceptos no son fuertes o definidos. Para demostrar, auto control y seguridad procure proyectar directamente su voz sin titubeos de ningún tipo.
Ojo, el tono de voz revela mucho de la personalidad del individuo: Un tono de voz demasiado bajo (inconscientemente) sugiere timidez poca capacidad de decisión, inseguridad. En cambio, un tono de voz moderadamente alto, audible en todo momento revela seguridad dominio de lo que se ha expresado y con ello se logra firmeza de concepto.
Si usted baja el tono de voz controladamente usted está obligando a su interlocutor a que se vea forzado a prestar más atención usted lo está manipulando a su antojo y está demostrando su superioridad e Mantenga control de sí mismo siempre- Cuando uno mantiene la calma en momentos de confrontación su tono de voz es uniforme y domina los movimientos de su cuerpo está ejerciendo un dominio absoluto de la situación.
Repartición inflexible: cuando a una persona le preguntan algo. Por ejemplo: “¿Habías estado en su casa antes?” y este responde “No nunca había estado en su casa antes”, típica repetición en una mentira. 
Un tono de voz demasiado alto: Sugiere una personalidad agresiva capaz de actuar con violencia en un momento determinado
Falta de memoria:
Cuando una persona no recuerda alguna cosa y hace correcciones inmediatas son señales de decir la verdad.
Cuando alguien habla bajo y lento son signos de extrema tristeza y ansiedad.
Cuando alguien miente es difícil de contar la historia hacia atrás
porque no hay recuerdo real de lo que sucedió, los mentirosos ensayan sus mentiras en orden no las memorizan hacia atrás.
Repetición y titubeo:
Quiere decir que la persona tiene problemas en procesar lo que está diciendo, normal mente esto indica que la persona miente. 




3- EJERCER PODER CON EL LENGUAJE EMOCIONAL.

Una persona que se quiera distinguir o mostrar su superioridad se vale de ciertos artificios para hacer saber a otros su superioridad, veamos algunos ejemplos:

El tiempo de espera: este representa status para la persona que hace esperar, mientras más espera un individuo por otro menos es su importancia ante los ojos de esa persona.
Por el contrario si el individuo es invitado a pasar inmediatamente por la persona con la cual se va entrevistar su posición de importancia aumenta considerablemente.
El maletín es otro símbolo que proyecta el status del empleado y la imagen que proyecta: Esta establecido que en una empresa, solo los ejecutivos de mayor importancia lleven un maletín que se supone que contiene documentos importantes, material de trabajo constante esto sugiere autoridad, superioridad aunque en el solo haya papeles de menor importancia.


Si nuestro tamaño no nos acompaña ¿qué podemos hacer?

Es evidente que en el lenguaje corporal, estatura equivale a autoridad y poder, pero como todos no podemos tener esto a nuestro favor, depende de nosotros hacer cierto tipo de ajuste para colocarlo en un plano superior al de nuestro interlocutor.

Si alguien entra en una habitación donde usted ya esta (sea hombre o mujer): póngase de pie inmediatamente de manera que en ese primer encuentro, usted este al menos en el mismo nivel de la persona que va a saludar, permita que ella o él se siente primero.
No permita Jamás que alguien que permanezca de pie le hable mientras usted está sentado: De acuerdo con el lenguaje del cuerpo usted se encontraría en tina posición totalmente adversa y de total desventaja.
De énfasis a su opinión, póngase de pie en el momento adecuado: Si se coloca deliberadamente en un nivel superior usted estará mirando hacia abajo al resto de las personas e imponiendo su superioridad.


Además de colocarse en un nivel superior invada con toda intención el espacio de su interlocutor: El efecto que esto provoca en la otra persona es de intimidación.
Colóquese de pie fuera del campo visual de su interlocutor: Inquiételo al tratar de que él adivine cuáles son sus intenciones, fuércelo a que él le preste una atención especial, quizás hasta se vuelva en su asiento para seguirlo con la mirada.


Otras señales del cuerpo y lo que significan

Arreglarse el pelo con la mano: Es un gesto muy femenino; sugiere provocación discreta, coqueteo.
Ajustarse el nudo de la corbata con la mano: Es un gesto equivalente al anterior. El mismo mensaje de me gustas puede manifestarse al arreglarse el pliegue del pantalón, las solapas de la chaqueta, el pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, etc.
En las mujeres morderse los labios con la punta de la lengua: Es un mensaje abiertamente sexual, de provocación sutil.
Morder un labio con el otro: El mismo mensaje anterior, sugiere cierta timidez actitud nerviosa.
Acariciar un objeto determinado inconscientemente: Es un gesto que denota sensualidad, es un gesto típico de los individuos de sexualidad desarrollada.
Una sonrisa con una mirada directa y prolongada (10 segundos o más) Sugiere provocación discreta y coqueteo.
La clásica mirada de arriba, abajo: Es característica de la persona que es muy sensual.
La palma de la mano abierta en todo momento: Es un gesto característico de las personas sinceras.
El puño cerrado: Revela tensión nerviosismo, se oculta la verdad
Los hombros caídos: Sugiere depresión incapacidad, para hacerle frente a ciertas situaciones en la vida.
Si la persona se sienta con las dos piernas unidas paralelamente: Denota una personalidad cuidadosa, ordenada y cuidadosa.
Si el individuo cruza la pierna en un ángulo de 90º al nivel de la rodilla: Es ambicioso. competitivo. Es una actitud poco común en las mujeres.
Si la persona se sienta sobre una pierna: Sugiere una personalidad muy conformista a quien no le es fácil tomar decisiones.
El hombre que se siente con una pierna sobre la otra (Apuntado hacia el suelo): Manifiesta una personalidad balanceada.
La mujer que se sienta con las piernas abiertas: Revela independencia, un concepto muy definido de su imagen.
El cigarrillo apretado entre el pulgar, el índice y el dedo del centro: Denota una personalidad intensa, intranquila y errática.
Pestañear contantemente: Denota atención total.
Mirar a una persona con frecuencia: Tiene implicaciones sexuales.
No mirar a una persona: Sugiere rechazo (no me interesas, no me simpatizas).
Una mirada prolongada con la cara seria: Revela curiosidad, posiblemente hasta desprecio.
Las mujeres que miran hacia los lados: Es un gesto femenino casi siempre se interpreta como una insinuación sexual.
Cuando un hombre mira hacia los lados con cierta frecuencia: Es una señal de hipocresía.
Tocar demasiado a una persona: Puede significar; un grado de alto egoísmo (nunca amor o deseo físico).
Los cónyuges que se tocan constantemente en público expresando amor: Es una manera de comunicar precisamente la inseguridad que amenaza esa relación.
Si los miembros de una pareja apenas se tocan o miran: La relación es bastante fría. Es posible que existan serias diferencias emocionales entre sí.
Si el hombre toca el área de los genitales: Es un gesto común en algunas culturas este denota una reafirmación masculina.
La persona camina muy a prisa: Sugiere una personalidad dinámica, inquieta, ansiosa por cumplir metas que se ha trazado en un tiempo determinado.
Si el individuo camina con pasos vacilantes, y no mantiene una relación recta al caminar: Denota una personalidad vacilante, errática, insegura, tímida y cansada por los embates recibidos en la vida.
Cuando se llama la atención por la ropa y forma en que uno se viste: No sólo se proyecta una personalidad exhibicionista, sino se demuestra un carácter rebelde independiente.
Jugar con un lápiz o un objeto cualquiera: Es evidente que lo que esta persona nos provoca es nerviosismo, inquietud, ansiedad, en realidad estamos tratando de ganar tiempo y preparándonos para dar una respuesta adecuada.
Mirar el reloj mientras se habla: Denota prisa e intranquilidad.
Mirar el reloj mientras otra persona habla: Es un gesto rudo que revela impaciencia.
Los estudiantes que se sientan en los primeros asientos del aula: Revelan receptividad a lo que les enseña el maestro tienen, intenciones de aprender y participar
Aquellos estudiantes que se esconden al final del aula: No tienen el mismo grado de interés por aprender.
Tamborilear los dedos sobre una superficie: Denota intranquilidad impaciencia
Silbar mientras se camina por un lugar solitario: No estamos llamando la atención; estamos haciendo simplemente haciendo un ajuste psicológico por el temor de recibir cualquier tipo de agresión inesperada
Poner los pies sobre la mesa: Denota relajamiento total, control absoluto
Echarse hacia atrás en una butaca: Sugiere confianza en uno mismo
Pisadas repetidas en el suelo mientras se está estático: Sugiere nerviosismo, impaciencia, intranquilidad. Se está acumulando tensión y es posible que esta estalle en cualquier momento.