jueves, 22 de marzo de 2012

Ensayo de La identidad. Milan Kundera. 6to año NES.


Revelaciones

La mirada como constructora de identidades.



       “…en Melibea creo,                                                                           
  Melibeo soy…” 


Desde tiempos memoriales el erotismo y el amor en la literatura han despertado curiosidades en diferentes conciencias según las distintas épocas. Esta constante literaria provoca en el lector al menos la sensación de verse reflejados en algunas  circunstancias de la historia.

¿Puede alguien estar  completamente en sus cabales cuando todo su ser está supeditado a los deseos de la persona a la que idealiza?

¿Es el amor de pareja el que más nos moviliza?

¿Cómo se pierde la identidad a los ojos del otro?

 Ya desde el famoso Don Quijote (personaje enamorado), el cual  determina su vida por un móvil (Dulcinea); Calisto, cuando grita al viento “En Melibea creo; melibeo soy…”, o Medea tras el acto del asesinato filial.

¿Cuánto de la mirada de los otros hay en lo que hacemos?, y aún más, si el otro es el que amamos.

La identidad es nuestra existencia “…To be or no to be. That’s the cuestion…”[1], y es justamente lo que Milan Kundera expone en su novela.



Entonces, no es casual decir en principio que todo el texto está atravesado por la "otredad", es decir por la construcción de la mirada del otro: En  la amistad, en el amor filial y, por sobre todas las cosas, en el amor de pareja, en donde los ojos son determinantes.

¿Existe mejor espectador que la figura del ser deseado? No, definitivamente. Algunos entusiastas dirán que vale mas llenar estadios que una serenata a solas con la mujer o el hombre se vida. Eso es relativo.

Lo cierto es que un error ante cincuenta mil personas puede pasar desapercibido, pero ante el amante queda grabado a fuego en su sentir, en su imagen, y en sus ojos. Así, lo inmediato se transforma en “vista”; en la cámara exclusiva para construir el actor predilecto del amante. Sin la mirada del otro uno no tiene existencia.



Jean Racine en Fedra [2] deja en claro la oposición entre  el Eros sororal y el Eros inmediato. “…El amor sororal se da mas bien como una utopía, un alejamiento hacia el pasado y hacia el futuro (cuya versión institucional sería el matrimonio) el Eros real, el que está pintado, es decir inmovilizado en el cuadro trágico, es el Eros inmediato. Y precisamente porque es un Eros depredador supone toda una física de la imagen, una óptica en el sentido propio.

Nada sabemos de la edad ni de la belleza de los enamorados racinianos. Periódicamente batallamos por saber si Fedra es una mujer joven o si Nerón es un adolescente, si Berenice es una mujer madura y Miltrídates un hombre aún atractivo”[3].

Los ojos hablan. Y son capaces de cambiar de rumbo en cada parpadeo. La vista es lo inmediato, “… ¿Por qué es incapaz de reconocer la silueta del ser que mas quiere en el mundo, del ser que él considera incomparable? Abre la puerta de la habitación. Por fin, la ve…” [4] Es el sello que origina y que refleja a  la relación.

La identidad es verse reflejado en el mejor espejo del ser humano, que es el del amante. En el amor uno es “construido por el otro” porque El otro le otorga una  identidad. “… si estuviera allí, él la llamaría por su nombre. Tal vez, si recordara su rostro, podría imaginarse la boca que pronuncia su nombre. Esta le parece una buena pista: llegar a su nombre por medio de ese hombre…” [5] en esta cita, Chantal, para recordar su nombre, imagina la boca de su amante llamándola.

Desde el punto de vista filosófico podemos decir que el amor sobrepasa los límites de la muerte. En el soneto “Amor constante más allá de la muerte”  Francisco de Quevedo escribe “…Su cuerpo dejará no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; Polvo serán, mas polvo enamorado…”[6]. El poema describe un amor de tal profundidad que resulta inolvidable incluso después de la muerte.  Si se aplica este concepto a una relación de pareja, se puede decir que el amor es tan fuerte que aunque uno de lo dos muriera, la unión espiritual de ambos miembros seguiría existiendo excediendo las fronteras de muerte.

Bien diferente es el caso de dos amantes que deciden separarse. El lazo de amor y compromiso que los unía deja completamente de existir. La separación es el único motivo por el cual los miembros de la pareja pierden el control sobre el otro. El vínculo entre ambos se rompe; no hay nada. Lo cual no ha de ser así en una relación filial. Por más separación que una persona tenga con un miembro de su familia, hay un lazo de sangre que seguirá existiendo y  eso es inevitable.

Así es que se puede afirmar que el amor de pareja esta por sobre el amor filial, ya que en este último existe una unión sanguínea que no se tiene con un amante. Nada es seguro con nuestra pareja. Nada nos une para toda la vida, ¿o si? Veamos:

Cuando Chantal se separa de su ex marido, el lazo que la unía hacia él se rompe; deja de existir. No solo termina con este compromiso, sino con todo lo relacionado a su ex marido,  inclusive la familia de él. La aparición de la cuñada en la novela simboliza una irrupción del pasado de Chantal; la cuñada es el fantasma de lo que ya no es. Dicho personaje representa el lazo filial, el nexo de sangre, “…estas demasiado triste. Tienes que tener otro hijo. Solo así lo olvidarás…”. [7]Los bebés son la perfecta excusa sanguínea para continuar en ese legado de “seguridad” que necesitan las relaciones duraderas.

En este mismo sentido, en la novela se distingue un episodio en el cual Chantal recuerda la muerte de su hijo. Pero no lo hace desde un lado melancólico o de tristeza, sino que se siente contenta. Ella cree que si no hubiera sido por ese trágico hecho, jamás hubiera conocido a Jean-Marc y sin embargo, a pesar de la muerte del niño, el lazo de amor filial entre él y su madre sigue existiendo.

En una visita el cementerio la protagonista le dice a su hijo “pequeño mió, pequeño mió, no creas que no te quiero o que no te he querido, pero precisamente porque te he querido es por lo que no hubiera podido convertirme en lo que soy si hubieras vivido…”[8]

Parecería ser que el  hijo la libera de su pasado. Desde lo psicológico existe un pasaje de conciencia a partir de la procreación; es decir que el ser humano es criatura en tanto cuidado y supervivencia de uno mismo hasta que con el nacimiento de un hijo pasa a ser creador, por lo que su vida está al servicio del semejante. En este sentido toma validez el episodio citado anteriormente puesto que la protagonista se piensa como criatura a partir del incidente trágico ocurrido con el hijo. Vuelve a pensarse y a sentirse como tal; le seducen las cartas al principio anónimas, se profundiza su sentido de erotismo y “puede odiar al mundo con libertad”. Su identidad cambia.

Las cosas mutan de identidad en el enamoramiento, es decir, desde la perspectiva del enamorado todas las cosas son parte del amante; La cuñada es un elemento ligado a su ex marido.  Mismo es el caso de los lugares, que también cambian de identidad en el enamoramiento.

 No es poco común que después de una ruptura sentimental los lugares recorridos por la pareja en pleno éxtasis amoroso resulten ser codificados como “la construcción de un nosotros”; así el paseo por la plaza, post ruptura, cambiará la identidad de dicho parque por el significado “Por allí paseaba con……..”

 El Eros también está atravesado por la amistad, que no significa que no haya un componente amoroso, pero sí, de diferente intensidad, de diferente nivel en términos de entrega. Tal es el caso de Jean-Marc con su amigo F. Si bien lo considera un espejo, lo hace a modo de reflejo recordatorio y no como devolución del aquí y el ahora. Eso sólo lo puede hacer el amante. “…la amistad es indispensable para el hombre para el buen funcionamiento de su memoria...” ”…son nuestro espejo, nuestra memoria; solo se les exige que le saquen brillo de vez en cuando para poder mirarnos en él…”[9]

En el instante del beso, los enamorados pierden la noción del tiempo. Es el aquí y el ahora, y al no haber pasado ni futuro es una clara alegoría de la eternidad. Por eso Chantal en las líneas finales no distingue su pasado de su fututo, porque no lo hay, solo hay presente.

No es casual que su abuelo esté despojado de todo espejo, de todo presente. El balbuceo no es más que una cita constante de lo que fue su presente. ¿Acaso hay alguna otra actividad en la vejez más que la de citarse todo el tiempo?

Nadie mira al abuelo, ya no tiene espejo. Está solo; vivo pero sin reflejo, sin identidad. El sonido que emite no hace más que remarcar un presente que está vacío, un presente que espera la ultima mirada, la muerte.

Distinto es el presente de Chantal al final de la novela, en donde después de llegar a un estado casi limbotico al igual que el abuelo de Jean-Marc, ella logra volver a su presente a partir del llamado de su amante que lentamente irá desapareciendo en la medida que otro espejo se haga cargo se su identidad.



A medida que crecemos nos vamos encontrando con distintos espejos donde reflejarnos. Pero es por fin en el amante donde cada persona encuentra su identidad pura. La mirada nos sirve como una revelación.

Hay quienes aseguran que para cada hombre hay una sola mujer que reúne todas las virtudes que este hombre sueña y viceversa. Pero el destino ha decidido que nunca jamás se crucen los caminos de ningún hombre o mujer con el ser que les fue concebido.

Sin embargo vivimos con la esperanza de encontrar aquella mirada, aunque esto solo nos sirva para mirar y ser mirados.



Bibliografía:



Hamlet, Williams Shakespeare. 1601.

Fedra, Jean Reacine, 1677.

Sobre Racine, 1992.Roland Barthes.

 Amor constante más allá de la muerte” (soneto) Francisco de Quevedo.

La identidad,  Milan Kundera. Buenos Aires, Tusquets editores, 2009.



[1] William Shakespeare, Hamlet
[2] Jean Racine, Fedra
[3] Ronald Bathes, Sobre Racine, 1992.
[4] Milan Kundera, La identidad, Pág. 29
[5] Milan Kundera, La identidad, Pág. 175
[6] Francisco de Quevedo." Amor constante mas allá de la muerte…”.
[7] Milan Kundera, La identidad, Pág. 40
[8] Milan Kundera, La identidad, Pág. 68

[9] Milan Kundera, La identidad, Pág. 55

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